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El anuncio de Jesús: La llegada del Reino 1ª parte

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EL REINO DE DIOS ESTA CERCA

1.    Jesús de Nazaret: un predicador itinerante

El predicador del desierto

Que el inicio de la actividad pública de Jesús de Nazaret estuvo ligado al movimiento bautista de Juan parece un hecho difícil de rebatir. Los Evangelios dan cuenta de ello al ubicar el bautismo de Jesús por Juan en sus primeras páginas (cfr. Mt. 3,13-17; Mc. 1, 9-11 y Lc. 3, 21-22).

El bautismo de Jesús señala una opción de Jesús quien asume la vía de la solidaridad con los hombres. Jesús se hace uno con la humanidad hasta la muerte en la cruz.

Es el primer testimonio de la elección mesiánica y a la vez de la autoconciencia de Jesús sobre su misión. Jesús elige la vía del Siervo sufriente y a la vez se da una teofanía en la que se complace el Padre en Jesús. El Bautista reconoce y señala al enviado.

Los relatos de las tentaciones que siguen al bautismo concentran el tema central de la existencia de Jesús: ser coherente con la elección del siervo: Resistir (y rechazar) la recurrente tentación (por parte del pueblo, de sus jefes y de los apóstoles) de dar un color político, teocrático o falsamente religioso a su mesianismo)

Pocos dudan que Jesús integró el grupo de los discípulos de Juan para luego bautizar por su cuenta en Judea y reunir a su propio discipulado (cfr. Jn. 3, 22-24; 4,1-3). Jesús daría comienzo a su actividad en Galilea sólo tras saber del arresto de Juan por parte de Herodes (cfr. Mc. 1,14; Mt. 4,12).

Juan bautizaba en el desierto y la gente acudía a él para recibir el bautismo (cfr. Mt. 3, 1-6). Su figura se ubica en la tradición profética de Israel. En la época se afirmaba que el espíritu profético se había extinguido y que resurgiría en los últimos tiempos, en el día de Yavé:

Después de esto yo derramaré mi espíritu sobre todos los hombres:

sus hijos y sus hijas profetizarán sus ancianos tendrán sueños proféticos

y sus jóvenes verán visiones (Jl. 3, 1).

Para muchos Juan aparecía como Elías o como el profeta escatológico, cosa que, según Jn. 1,19-21, él mismo se encarga de negar. Su imagen austera, su llamado a la conversión por la cercanía del juicio y su distanciamiento con los grupos tradicionales pronto harán de Juan una personalidad respetada por muchos y temida por algunos. Cumpliendo el destino trágico de los profetas, Juan muere asesinado por el rey Herodes (cfr. Mt. 14, 10).

A esta altura, Jesús de Nazaret ya había tomado cierta distancia de la práctica de Juan Bautista.

El Profeta itinerante

A diferencia de Juan, es Jesús quien acude a la gente en sus propios lugares de reunión. Recorre todas las sinagogas de su provincia natal (cft. Mc. 1,39). Eso hizo que su fama se extendiera rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea (Mc. 1,18).

Su actividad pasa del bautismo al anuncio profético de la llegada del reino y a las curaciones:

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos,

enseñando en las sinagogas,

proclamando la buena noticia del reino

y curando todas las enfermedades y dolencias (Mt. 9,35).

En este ir y venir, Jesús renuncia a un domicilio estable. Al ser consultado por un escriba, Jesús responde:

Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos;

pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza (Mt. 8, 20).

Su camino lo llevará a Jerusalén donde se hospedará en casa de sus amigos: Simón, el leproso (cfr. Mc. 14, 3) y los hermanos Lázaro, Marta y María (cfr. Jn. 12,1). Su estilo contrastaba con la austeridad de Juan, al punto de ser considerado por muchos '”comilón y borracho'”(cfr. Mt. 11, 18-19).

También él, como Juan, suscitará muchas esperanzas. ¿Será un profeta? ¿Jeremías o Elías que han vuelto? ¿Juan Bautista que ha resucitado? (Cfr. Mt. 16,13-14). Su persona, su palabra y su obra plantean la pregunta: ¿quién es este hombre? Para responderla, será necesario recorrer el itinerario de aquello que lo ocupa totalmente: el reino de Dios que viene.

El ministerio de Jesús se desarrolla en dos etapas claramente identificables: la primera en Galilea y la segunda en Judea y Jerusalén. El evangelista Lucas estructura su relato en un solo viaje de Jesús a Jerusalén ( a partir del 9,51) mientras que Juan señala tres venidas a Jerusalén.

De cualquier manera Galilea y Jerusalén representan dos polos geográficos, cronológicos y teológicos.

El período Galileo tiene como centro Cafarnaúm. Jesús anuncia el Reino, habla de Dios, no de sí. Hay muchas personas a su alrededor aunque se destaca el grupo más restringido. Se produce un movimiento importante cuya noticia llegará hasta la capital. La ortodoxia religiosa y el poder sociopolitico se ven desconcertadas y rechazan el anuncio.

En el período jerosolimitano el proyecto de Jesús entra en crisis, crece la hostilidad de fariseos y saduceos y los zelotes ven frustradas las esperanzas puestas en Jesús. El por su parte se dedica a los más cercanos y se lo ve rodeado de menos gente. En la autococnciencia de Jesús se precisa el sentido de  su misión. Les explica a los suyos lo que va a suceder y su identidad de enviado del Padre.  Esta etapa concluye con el rechazo total del nazareno.

2.    La "causa" de Jesús: la cercanía del reino

Jesús y el reino

Jesús aparece ante sus contemporáneos anunciando la cercanía de aquello que habita en lo más profundo del corazón y la mente de cada israelita: el reino de Dios.

El tiempo se ha cumplido: el reino de Dios está cerca.

Conviértanse y crean en la buena noticia (Mc. 1, 15).

Tal mensaje no podía pasar desapercibido. Jesús se inserta en la esperanza judía puesta en la promesa hecha por Dios. El anuncia que "el día de Yavé” está próximo. Esta proximidad es "buena noticia de Dios” (Mc. 1,14), ante la cual se exige el cambio y la fe, porque ella misma es cambio, transformación, para la vida del pueblo creyente.

Pero entre Jesús y el reino que anunciaba, entre el predicador y el predicado, aparecía, cuando menos, una gran desproporción. En la medida en que el reino apelaba a la memoria colectiva de grandeza, gloria, poder y libertad y la lanzaba hacia el futuro como promesa que Dios cumpliría, aparecía la duda ante el anuncio que provenía de un predicador galileo itinerante y pobre de quien se dudaba tanto entre sus conocidos de Nazaret como entre los desconocidos de Jerusalén:

¿De dónde saca todo esto?  ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada

y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?

¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿ Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?” Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. (Mc. 6, 2-3).

¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? " "Examina las escrituras

y verás que de Galilea no surge ningún profeta”.

Y por causa de él se produjo una división entre la gente (Jn. 7,41. 52.43).

Jesús llama a la conversión y a la fe. Como respuesta recibe el escándalo y la división. Las palabras del anciano Simeón en el Templo resuenan ahora de un modo dramático y premonitorio:

'Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción...” (Lc. 2, 34).

El significado del anuncio del Reino

Dios en Jesús se hace presente en medio de los hombres. El Reino es:

·       Acontecimiento en que coinciden predicación y ministerio del Nazareno (Lc 17, 20-21)

·       Su llegada será reconocida por signos que deben ser interpretados correctamente en sintonía con la presencia de Yavé en la historia del hombre. ¿Cuáles signos? Las palabras de Jesús, su kerygma, su praxis y gestos de salvación con los humildes (Mt 11, 2-6)

·       El Reino acontece en el corazón del hombre porque alcanza su relación con Dios pero se manifiesta también en las relaciones con los hombres. El hombre se convierte y redescubre y se abre a una nueva relación con Dios y esto le lleva a una nueva relación con los hombres.

Consecuencias de la relación con Dios y la relación con el prójimo

1.     En la actitud religiosa: confianza simplicidad, abandono. (Texto clave que expresa esta actitud: Lc 15.) Crítica al formalismo y la exterioridad. El discípulo se comporta como un hijo ante su Padre,. Y esto no es proyección de un deseo de seguridad. es descubrimiento gratuito de un Dios que respeta y promueve siempre la autonomía y la libertad del hijo y al mismo tiempo le es cercano.

2.     En la actitud social: el otro hombre es mi hermano (Texto clave que expresa esta actitud: Lc 10). Esto implica tres novedades: Mc 12, 28-34 (el mandamiento principal):

a)     los dos mandamientos son síntesis de toda la ley

b)     ambos están en un mismo plano

c)      prójimo es cada hombre.

Por eso el enemigo es también objeto de amor. El impulso de ir a los últimos y perdonar nace de la fuerza del amor del Padre.

La pretensión de Jesús

Es que Jesús tenía una pretensión. No sólo anunciaba el reino, sino que afirmaba que éste venía en su persona y su obra.

Pero si expulso a los demonios con el poder de¡ Espíritu de Dios

quiere decir que el reino de Dios ha llegado a ustedes (Mt. 12, 28).

Por eso es que su palabra era un llamado a una decisión en el aquí y el ahora:

El que no está conmigo, está contra mí;

y el que no recoge conmigo, desparrama (Lc. 11, 23).

¿Qué sentirían sus compatriotas al oírlo? Al leer los Evangelios, los cristianos solemos ser duros con los contemporáneos de Jesús, como si aquellos hombres fueran incapaces de darse cuenta de ante quién estaban. Muchas veces esta severidad fue alimentada, indirectamente, por la iconografía religiosa que nos presentaba a un Jesús de Nazaret celestial, desencamado o superhombre. Esto nos impide captar, en parte, el realismo de aquel escándalo y aquella desproporción.

Los evangelistas nos hablan de la “pretensión” de Jesús al mostrarlo como nuevo legislador y como un plus con respecto a la tradición:

'Ustedes han oído que se dijo (... ) Pero yo les digo...”.

"Aquí hay alguien que es más que Jonás”.

"Aquí hay alguien que es más que Salomón ". (Mt. 5,21-22; 12, 41-42).

El llamado de Jesús a la fe era una invitación a abrirse al reino. El reino llegaba en su persona, en su palabra y en su praxis, pero llegaba en el ocultamiento, y esto sólo la fe podía percibirlo. Dios no era evidente en Jesús.

Jesús es la llegada del reino de Dios en la figura del ocultamiento, la humillación y la pobreza. En él se hace concretamente palpable lo que quiere decir su reino, en él se revela lo que es el reino de Dios. En su pobreza, obediencia y carencia de patria se ve la explicación concreta de la voluntad de Dios. (Kasper)

Se hace necesario, entonces, recorrer el corazón de su mensaje: "el reino de Dios ha llegado a ustedes”.

El reino de Dios como anuncio de lo definitivo

En el inicio de la vida pública de Jesús de Nazaret nos encontramos con varios hitos de profunda significación. Uno de ellos es el episodio en la sinagoga de su pueblo, Nazaret:

Le presentaron el libro de¡ profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.”

(... ) Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír" (Lc. 4, 17-21).

Jesús inaugura el tiempo del cumplimiento de las promesas. Lo hace aplicándose a sí mismo este texto de Isaías de profunda implicancia escatológica. Lo definitivo ha comenzado en él.

Pero en Jesús, la llegada del reino de Dios se da en la humillación. El reino que Jesús anuncia descoloca a sus oyentes. ¿Dónde está ese reino, el nuevo eón que desplaza al presente?.

Mucho ha discutido la teología sobre cómo entender la tensión presente-futuro de la dimensión escatológica del mensaje de Jesús. Al pensar lo escatológico sólo como lo último o lo por venir, se tiende a despreciar el presente y a no percibir en él la presencia ya actual del reino que Jesús anuncia.

Desde la historia de la salvación, la temporalidad debe ser pensada no desde lo cuantitativo sino desde lo cualitativo. La escatología, más que hablar del futuro, habla de la tensión que se establece desde el presente hacia ese futuro. Una tensión que puede percibiese como contraste y desproporción. Así lo hace entender Jesús en la parábola del grano de mostaza: la pequeñez del inicio (el grano pequeño) contrasta con la grandeza del fin (el árbol frondoso) (cfr. Mc. 4, 30-32).

Puesto que el reino de Dios y sus medios de salvación están presentes en Jesús y en su obra, su próxima y plena manifestación es cosa cierta; ésta, empero, sigue siendo todavía un bien esperado y todo el acontecer actual de salvación es sólo barrunto y principio, inicio y anticipo de lo venidero.

El reino que Jesús anuncia es el futuro de Dios para el presente de los hombres. Ante ese futuro que se le ofrece, el hombre debe tomar una decisión en el hoy de su existencia, decisión que puede abrirlo a esa definitividad de salvación.

Pablo y Juan muestran esta tensión salvífica en muchas expresiones que conjugan simultáneamente el presente y el futuro. Así Pablo:

Mucho más ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida                           (Rom. 5, 10).

Por eso, mientras esperan la revelación de nuestro Señor Jesucristo,

no les falta ningún don de la gracia (1 Cor. 1, 7).

 

Y Juan, quien reinterpreta la temática del reino de Dios desde la expresión vida (eterna):

Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene vida eterna (Jn. 5, 24).

Les aseguro que el que cree, tiene vida eterna (Jn. 6,47).

Es la tensión indisoluble entre el "ya" y el "todavía no". El reino de Dios anunciado por Jesús es un ofrecimiento al presente que en él exige una decisión por parte del hombre. Por eso el hoy se abre al absoluto de Dios y su reinado, como presencia ya definitiva de la vida nueva para los hombres.

Jesús tiene la audacia de proclamar el desenlace del drama de la historia, la superación, por fin, del antirreino, la venida inequívocamente salvífica de Dios. Y los signos que acompañan a sus palabras mantienen esa esperanza”.

El reino de Dios como revelación del Padre

Si la llegada del reino de Dios es llamada “el día de Yavé" es porque se trata de la llegada de Dios mismo. En Jesús es Dios que viene a los hombres. Por eso él es el Emmanuel, el “Dios-con-nosotros”(cfr. Mt. 1, 23). Su mensaje sobre el reino de Dios que viene, como anuncio e inicio de lo definitivo es también, entonces, revelación del verdadero rostro de Dios a los humildes y sencillos:

Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.

Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar (Mt. 11, 25-27, cft. Jn. 1, 18).

 

Jesús dirá que Dios viene a los hombres como Abba-Padre (cfr. Mc. 14, 36) La expresión aramea abba es la voz familiar e infantil para dirigirse al padre. Casi como un balbuceo, podría traducirse al castellano como pa, papí, papá o papito. Así sonaba -con toda su cuota de escándalo y de aparente falta de respeto- en los oídos de los contemporáneos de Jesús.

El ser Padre de Dios se manifiesta en la amor providencial y el perdón de los pecados. El Dios que es Padre y que viste a los lirios del campo y alimenta a los pájaros del cielo sabe lo que sus hijos necesitan (cfr. Mt. 6, 8.25-32). El mensaje de Jesús es "buena nueva" porque anuncia el perdón paternal para los pecadores e invita a los hombres a una nueva forma de vida (cfr. Mt. 6, 12.14).

Ante el Dios lejano de la ley, ante el Dios terrible del juicio, ante el Dios cruel de la violencia, Jesús anuncia al Dios-Abba que en su cercanía prodiga a sus hijos la ternura de la fiesta y el perdón, como lo muestra la parábola del “hijo pródigo” la que quizás mejor exprese este aspecto central del anuncio de Jesús (cfr. Lc. 15, 11-32).

Dios, como Padre, ve en lo secreto de los corazones de sus hijos lejos de toda hipocresía (cfr. Mt. 6,3-6.18). El único Padre de los hombres (cfr. Mt. 23,9) es compasivo con sus hijos (cfr. Lc, 6, 36), y cumplir su voluntad transforma al hombre en pariente de Jesús (cfr. Mt. 12, 50). Por eso los creyentes se dirigen a él en la oración cotidiana pidiéndole que llegue su reino (cfr. Mt. 6, 9-13).

Pero el Dios-Abba no sólo nos dice quién es Dios. También nos revela quién es Jesús de Nazaret. Se dirige al Padre con una confianza única, como que es única la relación que como hijo tiene con él. Por eso es que Jesús puede interceder ante el Padre (cfr. Mt. 10, 32) y es el Padre quien da a conocer la condición mesiánica de su Hjo (cfr. Mt. 16,17). Al Hijo le ha sido entregado el juicio, porque el Padre y el Hijo trabajan juntos, y el Hijo no tiene otra comida y otra bebida que hacer la voluntad del Padre que lo envió (cfr. Jn. 5,22.17;4, 34).

Esa voluntad es dar el reino (cfr. 12,32). Reino que es de Dios y que por lo tanto no se merece por el esfuerzo ético-religioso, ni se conquista por la lucha armada, ni se administra, ni se calcula, ni se mide, ni se puede localizar (cfr. Lc. 17, 23). Sólo puede recibirse en herencia (cfr. Mt. 25, 34). Por eso es que la principal actitud ante el reino de Dios que llega es la esperanza, alimentada en la fe en el Dios-Abba que Jesús da a conocer.

Lejos del juicio y del castigo inminente y cerca del cumplimiento de las promesas que supera todo lo que podía esperarse, El Dios-Abba de Jesús nos dice, en última instancia, que el ser de Dios es el amor (cfr 1 Jn. 4, S). Y nunca muestra tanto su ser de Dios como cuando el anuncio del reino que viene a los hombres se hace mensaje y práctica de la salvación.


BIBLIOGRAFIA: Campana, O, Jesús de Nazaret, su historia y la nuestra, San Pablo, Bs.As.1994; Coda, P., Dios llega al hombre. Breve Cristología, Ciudad Nueva, Madrid, 1993; Nolan, A., ¿Quien es este hombre? Jesús antes del cristianismo, Sal Terrae, Santander, 1981

La fuerza de esta expresión en labios de Jesús puede percibiese en el hecho de que las comunidades cristianas de habla griega conservaron esta expresión en arameo. Cfr. Rom. 8, 15; Gál. 6,4.

Los Evangelios tienden a distinguir la filiación de Jesús de la filiación de los creyentes. Juan elabora esto utilizando dos términos distintos para decir “hijo" según se refiera a Jesús o a los demás hombres. A falta de dos términos para decir "padre", Juan mantendrá de alguna manera la distinción. Así en el diálogo con María Magdalena, tras la resurrección, Jesús dirá: 'Subo a m Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes" (Jn. 20, 17). 

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Comentarios El anuncio de Jesús: La llegada del Reino 1ª parte

muy bueno
cesaroswaldo cesaroswaldo 23/11/2012 a las 00:32
exelelente!!!
HECTOR MALTA BATTA HECTOR MALTA BATTA 08/08/2013 a las 23:48
JESUS VA A ESTABLECER SU REINO EN CHILE. PORQUE ESTE PAIS ES EL TERCER CIELO O PARAISO. AMERICA ES LA CASA DEL PADRE
gaston gaston 29/09/2014 a las 21:18

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